La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía visigoda (711) - Bloque 1 EBAU 2024

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Si eres un estudiante de 2º de Bachillerato y estás preparándote para acceder a la universidad, aquí tienes apuntes de Historia de España, concretamente el Bloque 1: La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía visigoda (711).

Índice

    Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre

    Nuestro viaje por la historia de España nos lleva a los albores de la humanidad, en el Paleolítico, una etapa que abarca desde la aparición de los primeros homínidos hasta alrededor del 10.000 a.C. Durante este periodo, nuestros ancestros vivían en pequeñas comunidades nómadas que se desplazaban en busca de alimento, compuesta principalmente por animales que cazaban y plantas que recolectaban. La habilidad para tallar herramientas de piedra fue una de las principales características de esta época, lo que permitió a nuestros antepasados sobrevivir y adaptarse al entorno natural.

    Con el paso del tiempo y el desarrollo de nuevas técnicas, la humanidad experimentó un cambio significativo con la llegada del Neolítico, aproximadamente alrededor del 10.000 a.C. La gran revolución de esta era fue la invención de la agricultura y la domesticación de animales, lo que permitió la transición de la vida nómada a la vida sedentaria. El surgimiento de la agricultura no solo proporcionó una fuente de alimento más estable, sino que también permitió el desarrollo de asentamientos permanentes, creando las bases para el desarrollo de las primeras ciudades.

    Un aspecto cultural significativo de estos periodos es la pintura rupestre, una expresión artística que dejaron nuestros antepasados en las paredes de cuevas y abrigos rocosos. Estas impresionantes obras maestras, como las famosas pinturas de Altamira en Cantabria, nos muestran la destreza y sensibilidad artística de aquellos primeros habitantes de la Península. Representaciones de animales, escenas de caza y símbolos misteriosos adornan las paredes de estos santuarios prehistóricos, que sin duda tienen un profundo significado cultural y espiritual.

    Los pueblos prerromanos. Las colonizaciones históricas: fenicios y griegos. Tartesos

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    A medida que avanzamos en el tiempo, nos encontramos con la presencia de diferentes pueblos en la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. Estos pueblos, conocidos como "pueblos prerromanos", conformaron una rica diversidad cultural. Entre ellos se encontraban los íberos en el este y sur, los celtas en el norte y centro, y los tartesios en el sur.

    Los íberos eran un grupo étnico que habitaba en la costa este y sur de la Península. Eran conocidos por su avanzado sistema de escritura, la escritura ibérica, que aún no ha sido completamente descifrada. Por otro lado, los celtas, que ocupaban el norte y el centro, se caracterizaban por su organización tribal y su maestría en la metalurgia del hierro.

    En el sur, se encontraba la misteriosa civilización de Tartesos, situada en el área correspondiente a la actual Andalucía. Tartesos destacó por su riqueza minera, especialmente en plata, y mantuvo una relación comercial con los fenicios, quienes fueron los principales intermediarios entre Tartesos y el mundo mediterráneo.

    Las colonizaciones históricas por los fenicios y los griegos también dejaron una huella significativa en la Península. Los fenicios, procedentes de la región del Levante, establecieron importantes factorías comerciales en la costa peninsular, como Gadir (Cádiz) y Malaka (Málaga). Por su parte, los griegos fundaron colonias como Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas) en la costa noreste de la Península. Estas colonias comerciales contribuyeron al intercambio cultural y económico entre la Península Ibérica y las civilizaciones mediterráneas.

    Conquista y romanización de la Península Ibérica. Principales aportaciones romanas en los ámbitos social, económico y cultural

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    El siguiente hito en nuestra historia es la llegada de los romanos a la Península Ibérica. La conquista romana comenzó en el año 218 a.C. y se prolongó durante casi dos siglos. La Península Ibérica, conocida como "Hispania" por los romanos, se convirtió en una provincia clave para el Imperio Romano debido a su riqueza en recursos naturales y su estratégica ubicación geográfica.

    Sin embargo, más allá de la conquista militar, lo que realmente transformó la Península fue el proceso de romanización, la asimilación de la cultura romana por parte de los pueblos locales. Los romanos impusieron su sistema de organización política y administrativa, dividiendo el territorio en provincias gobernadas por magistrados romanos. Se fundaron ciudades y se construyeron vías de comunicación que facilitaron el comercio y la movilidad de las tropas.

    En el ámbito económico, los romanos introdujeron nuevos cultivos, técnicas agrícolas avanzadas y sistemas de explotación minera más eficientes. La Península Ibérica se convirtió en una importante productora de cereales, vino, aceite de oliva y minerales, que eran exportados a otras regiones del Imperio Romano.

    Además, la romanización tuvo un impacto profundo en la cultura y la sociedad peninsular. El latín se difundió como lengua común, dando lugar a las lenguas romances que hoy conocemos. El derecho romano se estableció como el marco legal dominante, y la religión politeísta romana se mezcló con las creencias locales.

    El reino visigodo: origen y organización política. Los concilios cristianos

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    Con la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, la Península Ibérica experimentó un nuevo cambio en su devenir histórico. Los visigodos, un pueblo germánico de origen godo, se establecieron en la región y fundaron un reino que tuvo su capital en Toledo.

    El reino visigodo se caracterizó por ser una monarquía teocrática. El rey, conocido como "rex", tenía el poder absoluto,

    pero su autoridad estaba limitada por la nobleza y el clero. La iglesia cristiana desempeñó un papel crucial en la sociedad visigoda, y los concilios cristianos se convirtieron en importantes instituciones legislativas que ayudaron a establecer normas y reglas para la vida en el reino.

    En el III Concilio de Toledo, celebrado en el año 589, el rey Recaredo tomó una decisión histórica al convertirse al catolicismo, abandonando la doctrina arriana que había predominado en el reino. Esta conversión marcó el inicio de la unificación religiosa en la Península y sentó las bases para la consolidación del cristianismo como la religión dominante en la región.

    El reino visigodo alcanzó su apogeo bajo el reinado de Leovigildo y Recaredo, logrando una notable estabilidad política y territorial. Sin embargo, la invasión musulmana del año 711 puso fin al dominio visigodo en la Península y abrió un nuevo capítulo en la historia de España.

    Así concluye nuestro recorrido por el primer bloque de la historia de España, un fascinante viaje que nos ha llevado desde los primeros humanos que dejaron su arte en las cuevas del Paleolítico, pasando por las diversas culturas prerromanas y las influencias fenicias y griegas, hasta la romanización y la consolidación del reino visigodo. La historia de España es rica y compleja, y estos primeros episodios nos dan una visión panorámica de los orígenes de una nación con una identidad cultural y histórica única.

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